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Cómo gestionar el alquiler de una vivienda siendo propietario

cómo gestionar el alquiler de una vivienda siendo propietario
Una gestión ordenada desde el inicio ayuda a construir una relación de alquiler más segura y transparente para ambas partes.

Gestionar una vivienda alquilada exige bastante más que cobrar bien y a tiempo. Esa es apenas una pieza del engranaje. Si quieres saber cómo gestionar el alquiler de una vivienda siendo propietario, debes controlar qué entregas, a quién se lo entregas, qué has pactado, cómo documentas los pagos, qué ocurre cuando aparece una avería y qué deberás revisar cuando llegue el momento de renovar o cerrar el contrato.

Muchos conflictos empiezan de una forma bastante menos dramática de lo que uno imagina: una fotografía que nunca se hizo, un gasto que quedó ambiguo en el contrato, una reparación acordada por teléfono o una fecha de preaviso que nadie apuntó. Durante meses puede parecer irrelevante. Cuando las versiones de propietario e inquilino dejan de coincidir, la memoria demuestra rápidamente que tiene una vocación probatoria bastante limitada.

Por eso, es recomendable administrar el alquiler como un proceso completo. En esta guía veremos cómo preparar la vivienda antes de comercializarla, qué revisar al seleccionar al futuro arrendatario, cómo estructurar contrato y fianza, qué sistema utilizar para controlar pagos e incidencias y cómo organizar la renovación o finalización. El objetivo es sencillo: que puedas tomar decisiones con información, documentación y un criterio jurídicamente prudente.

Qué debes preparar antes de poner una vivienda en alquiler

A tener en cuenta: Antes de anunciar una vivienda conviene revisar su estado, reunir la documentación relevante, definir renta y gastos y dejar preparado un inventario. Organizar estas cuestiones antes de recibir candidatos reduce decisiones improvisadas y permite que la negociación, el contrato y la posterior entrega de llaves partan de información clara.

1. Empieza por revisar qué vivienda vas a entregar realmente

El primer paso consiste en mirar la vivienda con menos afecto de propietario y algo más de espíritu auditor. Una puerta que cierra mal, una persiana averiada o una caldera que lleva meses dando avisos no mejoran espontáneamente porque aparezca un inquilino. Se debe revisar instalaciones, cerramientos, fontanería, sistema eléctrico, climatización y cualquier equipo que vaya a formar parte del arrendamiento.

Esta revisión tiene una consecuencia jurídica relevante. El artículo 21 de la Ley de Arrendamientos Urbanos establece el deber del arrendador de realizar las reparaciones necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad para el uso convenido, con las salvedades previstas por la propia norma (Jefatura del Estado, 1994). Llegar al contrato con determinados problemas identificados facilita distinguir posteriormente entre un defecto preexistente y un deterioro producido durante el alquiler.

También debes reunir la documentación administrativa que corresponda a la vivienda. Aquí no merece la pena prestarle atención a los listados universales copiados de cualquier portal inmobiliario: algunos requisitos dependen de la comunidad autónoma, de las características del inmueble y de la operación concreta. La regulación de vivienda se mueve en un marco en el que intervienen competencias estatales y autonómicas, de modo que determinados trámites administrativos presentan diferencias territoriales (Mingorance Gosálvez, 2025).

Como mínimo, organiza una carpeta física o digital en la que puedas localizar con rapidez:

  • documentación identificativa de la vivienda y de la titularidad;
  • certificado energético y documentación administrativa que resulte exigible;
  • información relevante de instalaciones y equipamientos;
  • últimos recibos de los gastos que puedan afectar al contrato;
  • datos de los suministros;
  • normas comunitarias relevantes para el uso de la vivienda;
  • documentación relacionada con reparaciones o actuaciones recientes.

2. Define la renta y los gastos antes de negociar

Fijar la renta no debería consistir en mirar tres anuncios del barrio, elegir el más optimista y felicitarse por la estrategia financiera. La comparación de mercado puede ser útil, pero debes comprobar previamente qué régimen jurídico resulta aplicable a la vivienda.

La Ley 12/2023 introdujo cambios relevantes en materia de vivienda y modificó aspectos de la regulación arrendaticia, con especial incidencia cuando el inmueble se encuentra dentro de una zona declarada de mercado residencial tensionado (Jefatura del Estado, 2023). En esos supuestos pueden existir condicionantes sobre la renta inicial de determinados nuevos contratos atendiendo, entre otros elementos, a la existencia de un contrato anterior, la situación del inmueble y la consideración jurídica del arrendador.

Por eso, antes de publicar un precio deberías comprobar:

  1. si la vivienda se encuentra dentro de una zona declarada oficialmente como tensionada;
  2. si ha existido un contrato de arrendamiento anterior relevante para determinar el régimen aplicable;
  3. si concurren circunstancias que puedan afectar al límite de la renta;
  4. qué gastos pretendes asumir directamente y cuáles pueden pactarse a cargo del arrendatario;
  5. cómo vas a tratar los suministros individualizados.

La LAU permite pactar en determinados términos que ciertos gastos generales, servicios, tributos y responsabilidades no susceptibles de individualización sean asumidos por el arrendatario. Ese pacto debe cumplir los requisitos legales, entre ellos su constancia escrita y la determinación del importe anual correspondiente en el momento de formalizarse cuando resulte exigible (Jefatura del Estado, 1994).

Por tanto, decidir estas cuestiones antes de enseñar la vivienda. Negociar sin haber determinado siquiera qué incluye la renta suele generar una creatividad contractual de última hora que rara vez mejora el documento.

3. El inventario merece algo más que una lista de muebles

Si la vivienda se entrega amueblada o equipada, prepara un inventario detallado. Incluso cuando se alquila prácticamente vacía, documentar su estado tiene utilidad.

Un inventario eficaz puede recoger:

  • mobiliario y estado de conservación;
  • electrodomésticos, marca y modelo cuando resulte útil;
  • funcionamiento de equipos relevantes;
  • estado de suelos, paredes, puertas, ventanas y sanitarios;
  • desperfectos preexistentes;
  • número de llaves y mandos entregados;
  • lecturas de contadores en la entrega.

Acompáñalo de fotografías suficientemente claras y fechadas y, cuando proceda, incorpora el inventario como anexo contractual aceptado por las partes. Un reportaje fotográfico desordenado en el móvil es mejor que nada, pero bastante menos útil que un documento asociado claramente a cada estancia y elemento.

El propósito no consiste en fotografiar cada centímetro de pared como si preparases una inspección forense. Se busca disponer de una referencia fiable del estado inicial para poder comparar, al finalizar el contrato, deterioro ordinario, daños concretos y defectos preexistentes.

Cómo seleccionar al inquilino y dejar bien documentado el arrendamiento

Qué debes saber: La selección del arrendatario debe apoyarse en información económica pertinente y criterios objetivos, sin presentar ningún análisis de solvencia como una garantía de pago. Después, el contrato debe convertir las condiciones esenciales del alquiler en reglas comprensibles: renta, duración, gastos, garantías, suministros, inventario, uso y comunicaciones.

1. Solvencia: comprobar, sí; coleccionar datos porque sí, no

Es razonable querer comprobar si el candidato dispone de ingresos suficientes y una situación económica compatible con la renta. Lo sensato es solicitar información proporcionada a esa finalidad y valorar la documentación de forma coherente.

Dependiendo de la situación profesional del candidato, pueden resultar relevantes documentos como nóminas, contrato laboral, acreditaciones de ingresos recurrentes o documentación fiscal cuando se trate de trabajadores por cuenta propia. La documentación concreta debe adaptarse a las circunstancias; convertir la selección en una competición para ver quién entrega más papeles aporta muy poco.

Un estudio de solvencia reduce incertidumbre, pero no puede predecir el futuro. Una persona puede mostrar hoy una situación económica sólida y sufrir posteriormente un cambio laboral. También puede ocurrir lo contrario. La selección sirve para tomar una decisión informada con los datos disponibles, no para fabricar una garantía inexistente.

Además aplicar criterios consistentes a los distintos candidatos y evitar valoraciones basadas en circunstancias personales ajenas a la capacidad para cumplir el contrato. Cuando manejas información económica y personal estás tratando datos que merecen una gestión responsable: solicita lo que necesitas, limita su circulación y evita conservar indiscriminadamente documentación que ya no tiene finalidad.

2. Qué debería quedar claro en el contrato

La Ley de Arrendamientos Urbanos constituye la referencia central del arrendamiento de vivienda y regula aspectos esenciales como duración, prórrogas, renta, conservación y fianza (Jefatura del Estado, 1994). Un buen contrato debe partir de ese marco y adaptarse a las características concretas del alquiler.

Entre los puntos que se deben revisar figuran:

  • identidad de arrendador y arrendatario;
  • identificación inequívoca de la vivienda y anexos incluidos;
  • destino de la vivienda;
  • renta y forma de pago;
  • fecha de pago pactada;
  • duración;
  • régimen de prórrogas;
  • actualización de la renta cuando se haya pactado;
  • distribución de gastos;
  • tratamiento de suministros;
  • fianza y garantías adicionales;
  • inventario;
  • normas sobre obras o modificaciones;
  • cauces de comunicación;
  • obligaciones relacionadas con conservación y pequeñas reparaciones.

La duración merece particular atención. Conforme al artículo 9 de la LAU, las partes pueden pactarla, pero cuando el plazo acordado sea inferior a cinco años (o siete si el arrendador es una persona jurídica) opera el sistema de prórrogas obligatorias establecido legalmente hasta alcanzar esos periodos, con las condiciones y excepciones previstas en la norma (Jefatura del Estado, 1994).

Esto importa porque escribir “duración: un año” en un contrato de vivienda habitual no significa, por arte de mecanografía contractual, que el propietario pueda recuperar automáticamente la vivienda cuando se cumplan doce meses. El régimen legal de duración debe estudiarse junto con la cláusula.

La actualización de la renta también requiere cuidado. El artículo 18 establece que durante la vigencia del contrato la actualización se produce en la fecha en la que se cumple cada anualidad y conforme a lo pactado; si no existe pacto expreso, la renta no se actualiza por esta vía (Jefatura del Estado, 1994). Además, antes de calcular una subida debe comprobarse qué límite o índice legal corresponde al contrato concreto y a su fecha.

3. Fianza y garantías adicionales no son lo mismo

En un arrendamiento de vivienda, el artículo 36 de la LAU exige una fianza en metálico equivalente a una mensualidad de renta (Jefatura del Estado, 1994). Esa fianza legal debe distinguirse de otras garantías adicionales que las partes puedan pactar.

En contratos de vivienda de hasta cinco años, o hasta siete cuando el arrendador sea persona jurídica, el propio artículo 36 limita con carácter general el valor de la garantía adicional a dos mensualidades de renta. La doctrina ha destacado precisamente la necesidad de separar conceptualmente la fianza obligatoria de estas garantías complementarias y atender a los límites del régimen legal (Font, 2024).

Además, el depósito administrativo de la fianza puede estar sometido a regulación autonómica. La LAU permite a las comunidades autónomas establecer la obligación de depósito ante la Administración correspondiente, lo que obliga al propietario a comprobar qué procedimiento, organismo y plazos operan en el territorio donde se encuentra la vivienda (Jefatura del Estado, 1994; Mingorance Gosálvez, 2025).

Alquiler de vivienda · preparación de la entrega

Checklist antes de entregar las llaves

Utiliza esta revisión como orientación general. La documentación y los trámites concretos pueden variar según la vivienda, el contrato y la comunidad autónoma.

Comprueba qué tienes preparado
Vivienda

Estado y evidencia inicial

Documentación, revisión del inmueble, inventario y fotografías ayudan a dejar constancia del punto de partida.

Contrato

Condiciones y gestión económica

Renta, gastos, solvencia, condiciones pactadas y gestión de la fianza forman parte de la preparación previa.

Entrega

Suministros, llaves y contadores

Conviene definir cómo se gestionan los suministros y documentar lo que se entrega junto con las lecturas disponibles.

Lectura práctica: la entrega de llaves es más fácil de documentar cuando el estado inicial de la vivienda, el inventario, las condiciones económicas, la fianza, los suministros y los elementos entregados quedan revisados antes de iniciar la relación arrendaticia.

Cómo controlar pagos, comunicaciones e incidencias durante el alquiler

En pocas palabras: Firmar el contrato abre la fase de administración cotidiana. Durante el alquiler conviene mantener un registro comprensible de rentas, comunicaciones relevantes, reparaciones, facturas y acuerdos. Esa trazabilidad facilita saber qué ha ocurrido, cuándo se comunicó, qué respuesta se dio y qué documentación respalda las decisiones adoptadas.

control del alquiler durante el contrato infografía
Mantener la trazabilidad de pagos, comunicaciones e incidencias facilita una gestión del alquiler más eficaz y jurídicamente prudente.

Este es el núcleo de una buena gestión del arrendamiento. Puedes haber redactado un contrato magnífico; si después mezclas recibos, conversaciones, presupuestos y avisos en cinco aplicaciones distintas, la utilidad práctica de ese magnífico contrato empieza a menguar con una rapidez admirable.

Organiza el seguimiento de los pagos

El sistema más útil es el que permite identificar sin esfuerzo qué mensualidad se ha pagado, cuándo y por qué importe. Las operaciones bancarias proporcionan normalmente una trazabilidad bastante más cómoda que los pagos informales y facilitan conservar un histórico ordenado.

Puedes mantener una hoja sencilla con:

  • mes al que corresponde la renta;
  • importe previsto;
  • fecha de recepción;
  • importe efectivamente recibido;
  • gastos repercutidos, cuando proceda;
  • incidencias;
  • referencia del justificante asociado.

No hace falta diseñar un sistema contable digno de una multinacional. Hace falta que dentro de dos años puedas localizar una mensualidad concreta sin reconstruir el alquiler a través de capturas de pantalla.

Si aparece un retraso, documentar desde el principio lo ocurrido facilita distinguir una incidencia puntual de una situación recurrente. La reacción concreta dependerá de las circunstancias, del contrato y de la entidad del incumplimiento.

Separa las conversaciones cotidianas de las comunicaciones importantes

No todos los mensajes necesitan el mismo grado de formalidad. Coordinar la visita de un fontanero no exige el mismo tratamiento documental que comunicar una decisión que afecta a la renta, al vencimiento contractual o a un posible incumplimiento.

La regla práctica consiste en aumentar la trazabilidad cuando aumenta la relevancia jurídica del contenido.

Para cada comunicación importante se debe poder reconstruir:

  • quién la envió;
  • a quién iba dirigida;
  • fecha;
  • contenido completo;
  • documentos adjuntos;
  • constancia razonable de recepción cuando resulte necesaria.

Un mensaje ordinario puede ser suficiente para resolver numerosas cuestiones cotidianas. En cambio, cuando están en juego plazos o derechos, tiene sentido escoger un medio que permita acreditar mejor qué se comunicó y cuándo. La idoneidad jurídica de cada canal debe valorarse según la actuación que se pretenda documentar.

Cuando aparece una avería, averigua primero qué ocurrió

El artículo 21 de la LAU obliga al arrendador a realizar las reparaciones necesarias para mantener la vivienda en condiciones de habitabilidad, salvo cuando el deterioro sea imputable al arrendatario. El mismo artículo asigna al arrendatario las pequeñas reparaciones exigidas por el desgaste derivado del uso ordinario (Jefatura del Estado, 1994).

Dos frases legales relativamente breves pueden generar discusiones bastante extensas. Por eso, cuando aparece una avería resulta imprudente convertir inmediatamente el incidente en una disputa sobre quién paga.

Primero documenta el problema.

Por ejemplo, si el arrendatario comunica una humedad:

  1. registra cuándo llegó el aviso;
  2. solicita fotografías si ayudan a identificar el problema;
  3. permite la inspección técnica cuando sea necesaria;
  4. conserva el diagnóstico o presupuesto;
  5. documenta la intervención realizada;
  6. guarda factura y comunicaciones relacionadas;
  7. determina después la imputación económica atendiendo a la causa y al marco contractual y legal aplicable.

El origen importa. Una avería causada por agotamiento de un elemento no plantea las mismas cuestiones que un daño directamente imputable a una manipulación incorrecta. Tampoco toda intervención barata es automáticamente una “pequeña reparación” a cargo del inquilino. El importe puede ser un dato relevante, pero la naturaleza de la reparación y su causa también lo son.

Qué controlar en cada fase del alquiler

Alquiler de vivienda · gestión por etapas

Qué controlar en cada fase del alquiler

La gestión cambia según el momento de la relación arrendaticia. Este esquema permite diferenciar qué conviene revisar, qué merece quedar documentado y en qué situaciones puede ser útil valorar apoyo profesional.

Resumen operativo del ciclo de gestión de una vivienda alquilada.
Fase Qué revisar Qué conviene documentar Cuándo valorar ayuda profesional
Antes de alquilar Estado, renta, gastos y requisitos aplicables. Documentación, fotografías, inventario y suministros. Si existen dudas sobre precio, normativa o preparación documental.
Selección Solvencia e información pertinente. Documentación económica necesaria y decisión adoptada. Si falta tiempo para filtrar candidatos o revisar documentación.
Formalización Contrato, fianza, garantías, inventario y llaves. Contrato firmado, anexos, justificantes y lecturas. Ante cláusulas complejas o dudas sobre obligaciones legales.
Durante el contrato Pagos, incidencias, reparaciones y fechas relevantes. Recibos, avisos, fotografías, presupuestos y facturas. Si la gestión cotidiana consume demasiado tiempo o genera conflictos.
Renovación o cierre Plazos, estado, suministros, cantidades y llaves. Comunicaciones, inspección, inventario y liquidación final. Si existen discrepancias jurídicas o económicas relevantes.
Preparar Vivienda, documentación y selección
Gestionar Contrato, pagos, incidencias y reparaciones
Cerrar o renovar Estado, cantidades, suministros y llaves

Lectura práctica: documentar cada fase evita concentrar toda la revisión en el momento de firmar. Preparación, selección, formalización, seguimiento y cierre generan documentos y decisiones distintos, por lo que conviene mantener un registro ordenado durante todo el ciclo del alquiler.

Cuándo puede tener sentido delegar la gestión del alquiler

Un propietario puede administrar directamente una vivienda si dispone de tiempo, mantiene la documentación ordenada y se siente cómodo coordinando candidatos, contrato, cobros e incidencias. La decisión cambia cuando la vivienda está lejos, existen varias propiedades o el seguimiento cotidiano empieza a ocupar más tiempo del razonable.

La gestión integral del alquiler para propietarios responde precisamente a esa necesidad de centralizar tareas. Delegar puede tener sentido cuando prefieres que un tercero coordine determinadas fases y mantener tú el control sobre las decisiones que quieras reservarte.

Dentro de este contexto existen servicios de que centralizan distintas tareas del ciclo arrendaticio según la modalidad contratada. Renta Garantizada, por ejemplo, informa de servicios relacionados con selección y estudio de solvencia, preparación documental, comercialización, gestión de fianza, intermediación en cobros y pagos y atención de determinadas incidencias.

Antes de contratar un servicio de este tipo, revisa qué incluye exactamente la modalidad ofrecida, qué actividades quedan fuera, cómo se gestionan las incidencias y qué honorarios se aplican. Externalizar administración puede descargar trabajo; no transforma el alquiler en una actividad sin contingencias.

Cómo hacer seguimiento del contrato y preparar una renovación o finalización

A tener en cuenta: Un alquiler bien administrado necesita un calendario. Conviene registrar aniversarios, vencimientos, actualizaciones que puedan corresponder, comunicaciones y documentación pendiente. Cuando se aproxima el final, revisa además inventario, estado de la vivienda, suministros, llaves, fianza y cantidades abiertas antes de considerar cerrado el expediente.

Crea un calendario contractual desde el principio

Esperar al último mes para mirar qué dice el contrato sobre vencimientos es una costumbre sorprendentemente extendida y jurídicamente poco elegante. Desde la firma puedes registrar las fechas que previsiblemente requerirán alguna actuación.

Entre ellas:

  • fecha de entrada en vigor;
  • aniversario contractual;
  • fecha en que pueda proceder una actualización de renta pactada;
  • vencimiento del plazo inicialmente acordado;
  • finalización de los periodos legales de duración o prórroga aplicables;
  • plazo para comunicaciones relevantes;
  • fecha de revisiones o actuaciones pendientes.

La actualización de renta merece recordatorio propio. El artículo 18 de la LAU exige pacto para actualizarla y establece reglas sobre cuándo se produce y cuándo resulta exigible tras la comunicación correspondiente (Jefatura del Estado, 1994). Antes de aplicar un porcentaje debes verificar qué régimen corresponde al contrato concreto.

No confundas vencimiento escrito con final automático

Para contratos sometidos al régimen actual de vivienda habitual, la LAU establece un sistema de duración y prórrogas que impide tratar la fecha escrita en la primera página como si, por sí misma, resolviera toda la relación.

Alcanzados los periodos mínimos establecidos en el artículo 9, el artículo 10 regula una nueva fase de prórroga cuando las partes no comunican su voluntad de no renovar dentro de los preavisos correspondientes. Con carácter general, la norma contempla cuatro meses de antelación para el arrendador y dos para el arrendatario en ese momento contractual, sin perjuicio de regímenes o situaciones especiales que puedan resultar aplicables (Jefatura del Estado, 1994).

Además, la legislación contempla supuestos de prórroga extraordinaria en determinadas circunstancias, incluidas reglas específicas relacionadas con viviendas situadas en zonas declaradas de mercado residencial tensionado. Por eso, antes de enviar una comunicación de terminación se debe identificar exactamente en qué fase se encuentra el contrato.

Prepara la salida con el inventario que hiciste al entrar

Cuando el alquiler termina, recupera el inventario inicial y organiza una inspección de la vivienda. Revisa cada estancia con el documento y las fotografías de entrega delante.

Se debe comprobar:

  • estado general;
  • mobiliario y electrodomésticos incluidos;
  • desperfectos comunicados durante el contrato;
  • reparaciones pendientes;
  • llaves y mandos;
  • lectura final de contadores;
  • situación de suministros;
  • rentas o cantidades todavía pendientes.

El objetivo consiste en separar, con la mayor objetividad posible, el desgaste derivado del uso normal de los daños concretos que puedan requerir una valoración distinta. El inventario inicial cobra aquí su verdadera utilidad: permite comparar estados en vez de comparar recuerdos.

Documenta la devolución de llaves y el estado de entrega. Si existe una discrepancia relevante, recoge la situación antes de decidir unilateralmente qué consecuencias económicas atribuirle.

Cómo tratar la fianza al finalizar

El artículo 36.4 de la LAU establece que el saldo de la fianza que corresponda restituir al arrendatario devenga el interés legal una vez transcurrido un mes desde la entrega de las llaves sin haberse hecho efectiva la devolución (Jefatura del Estado, 1994).

Esto no significa que cualquier cantidad pueda retenerse durante un mes sin explicación. Si existen daños, rentas pendientes u otras cantidades cuya imputación resulte jurídicamente procedente, debes poder documentarlas y justificar las deducciones correspondientes.

Para cerrar el expediente se recomienda conservar:

  1. documento de entrega de llaves;
  2. inventario o revisión de salida;
  3. fotografías pertinentes;
  4. lectura final de contadores;
  5. facturas o presupuestos relacionados con daños discutidos;
  6. cálculo de cantidades pendientes;
  7. justificante de devolución del saldo de la fianza;
  8. documentación del trámite autonómico correspondiente cuando proceda.

Cuando existe una controversia seria sobre impagos, devolución del inmueble, daños o terminación contractual, resulta prudente obtener asesoramiento jurídico específico antes de adoptar medidas de hecho. Cambiar una cerradura, interferir en suministros o actuar por la propia cuenta cuando existe oposición no es una estrategia de gestión; es la clase de improvisación que puede añadir un segundo problema al primero.

Una gestión ordenada mantiene el alquiler bajo control hasta el final

Gestionar correctamente una vivienda alquilada depende en buena medida de tres hábitos: preparar antes de firmar, documentar mientras el contrato está vivo y revisar con tiempo las decisiones que llegarán después. Un contrato bien redactado importa, pero funciona mucho mejor cuando está acompañado por inventarios claros, pagos identificables, comunicaciones localizables y un expediente que permite reconstruir qué ha ocurrido.

Si estás intentando ordenar la gestión del alquiler de una vivienda siendo propietario, piensa en el arrendamiento como un ciclo y no como el momento aislado de conseguir un inquilino. Puedes asumir personalmente esa administración o delegar determinadas tareas cuando el tiempo, la distancia o la complejidad lo aconsejen. En cualquiera de los dos escenarios, la prudencia jurídica empieza por lo mismo: saber qué has pactado y poder demostrar qué has hecho.

Referencias consultadas:

  • Font, B. (2024). Las garantías adicionales a la fianza en el arrendamiento de vivienda. Diario La Ley, 10466.
  • Jefatura del Estado. (1994). Ley 29/1994, de 24 de noviembre, de Arrendamientos Urbanos. Boletín Oficial del Estado, 282.
  • Jefatura del Estado. (2023). Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda. Boletín Oficial del Estado, 124.
  • Mingorance Gosálvez, M. C. (2025). La Ley 12/2023, por el derecho a la vivienda: una cuestión de competencias. Revista Boliviana de Derecho, 40, 15-42.
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