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Control documental laboral: qué debe conservar una empresa para evitar reclamaciones
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Control documental laboral: la diferencia entre una empresa ordenada y una reclamación difícil de defender.
En años anteriores, guardar documentos fiscales y oficiales era un dolor de cabeza: papel, espacio, polvo, cajas imposibles y ese pequeño ecosistema de alimañas administrativas que toda empresa conoce aunque prefiera fingir que no. Pero la respuesta es bastante menos romántica: una empresa debe conservar los documentos laborales que permitan acreditar la relación con cada trabajador, entre ellos contratos, nóminas, registro horario, vacaciones, permisos, justificantes, comunicaciones internas y documentación de cotización.
El problema aparece cuando esos documentos existen, pero están repartidos entre correos, WhatsApp, carpetas internas, archivos de la gestoría y PDF con nombres tan precisos como “documento_final_bueno_ahora_sí”. En una reclamación laboral, esa dispersión es peligrosa. La prueba desordenada pierde fuerza, retrasa la defensa y deja a la empresa explicando lo que debió haber documentado.
En este artículo vamos a ver qué documentos laborales debe conservar una empresa para evitar reclamaciones, por qué pueden ser relevantes ante conflictos por jornada, nóminas, vacaciones, sanciones o despidos, y cómo una gestión digital ordenada, por ejemplo, mediante un portal del empleado, puede ayudar a localizar información sin convertir el cumplimiento laboral en una gymkana.
Qué es el control documental laboral
Idea clave: El control documental laboral consiste en organizar, conservar y localizar los documentos que prueban la relación entre empresa y trabajador. No se trata de acumular archivos sin criterio, sino de mantener una trazabilidad clara sobre lo pactado, lo pagado, la jornada realizada y las decisiones comunicadas.
El control documental laboral es el sistema mediante el cual una empresa conserva de forma ordenada los documentos que explican la vida laboral de su plantilla. Dicho así parece sencillo. En la práctica, exige método, criterio y una mínima disciplina interna. Ya sé que esto último no siempre abunda cuando hay pedidos que entregar, nóminas que cerrar y correos que contestar antes de las seis.
La idea central es esta: cada documento debe permitir reconstruir un hecho laboral. El contrato acredita las condiciones pactadas. La nómina permite comprobar qué salario se abonó. El registro horario ayuda a verificar la jornada. Las solicitudes de vacaciones y permisos muestran qué se pidió, qué se autorizó y cuándo. Las comunicaciones internas pueden probar instrucciones, advertencias, cambios organizativos o incidencias.
El error clásico consiste en confundir “tener documentos” con “tener prueba útil”. Una empresa puede tener miles de archivos y, aun así, no poder defender bien una reclamación si no sabe dónde están, si faltan firmas, si hay versiones contradictorias o si la información se contradice con otros registros.
Para que el control documental sea realmente útil, debe responder a seis preguntas básicas:
Qué se pactó con el trabajador
Qué salario y conceptos se pagaron
Qué jornada se realizó
Qué vacaciones, permisos o ausencias se solicitaron
Qué comunicaciones relevantes se enviaron
Qué decisiones internas se notificaron y con qué soporte.
Ese es el punto. La documentación laboral no es decoración corporativa. Es memoria jurídica de la empresa.
Qué documentos laborales debe conservar una empresa
Imagen 2 — Infografía de documentos clave Conservar la documentación laboral adecuada permite acreditar la relación de trabajo y responder con solvencia ante conflictos.
Qué debes saber: Una empresa debe conservar los documentos que acreditan la relación laboral, los pagos realizados, la jornada trabajada, las ausencias justificadas, las vacaciones, los permisos, las comunicaciones relevantes y el cumplimiento de obligaciones laborales y de Seguridad Social. La documentación concreta puede variar según actividad, convenio y puesto.
El núcleo del control documental está en el expediente laboral de cada trabajador. Ese expediente no debería ser una carpeta abandonada ni una sucesión de adjuntos dispersos. Debe funcionar como una unidad ordenada, revisable y coherente.
Estos son los principales documentos que conviene tener localizados:
Documentación laboral
Documentos laborales que conviene conservar y para qué sirven
En una relación laboral, la documentación no solo ordena la gestión interna. También puede servir como prueba ante discrepancias sobre salario, jornada, funciones, permisos, ausencias, prevención de riesgos o decisiones empresariales.
Lectura jurídica: conservar documentación laboral de forma ordenada ayuda a acreditar hechos relevantes si surge un conflicto. Contratos, nóminas, registros horarios, comunicaciones y justificantes permiten reconstruir qué se pactó, qué se pagó, qué se trabajó y qué decisiones fueron comunicadas.
Relación de documentos laborales habituales y función probatoria o administrativa dentro de la empresa.
Documento
Para qué sirve
Contrato de trabajo
Prueba Acredita las condiciones pactadas: puesto, jornada, salario, modalidad contractual y fecha de inicio.
Anexos contractuales
Prueba Prueban cambios de jornada, funciones, salario, horario, teletrabajo u otras modificaciones relevantes.
SS Acredita obligaciones administrativas ante Seguridad Social.
Documentación preventiva
PRL Incluye evaluación de riesgos, planificación preventiva, formación, vigilancia de la salud y medidas de protección.
La documentación exacta puede variar según el tipo de empresa, el convenio colectivo aplicable, el sector de actividad y la situación concreta del trabajador. No es lo mismo un comercio con turnos rotativos que una empresa tecnológica con teletrabajo parcial, ni una pyme industrial con riesgos preventivos relevantes que un despacho pequeño con tres empleados administrativos.
Ahora bien, hay una regla práctica que no falla: si un hecho laboral puede generar discusión, debería quedar documentado. Cambios de horario, ampliaciones de jornada, pactos sobre disponibilidad, permisos especiales, sanciones internas, vacaciones aplazadas, funciones realmente realizadas, entrega de equipos, formación preventiva. Todo eso merece soporte escrito.
Aquí conviene desmontar una idea equivocada: “lo sabe todo la gestoría”. No, la gestoría puede confeccionar nóminas, tramitar altas y bajas, preparar contratos o comunicar seguros sociales, pero la empresa sigue necesitando conservar y controlar su propia documentación laboral. Delegar tareas no equivale a entregar el volante y cerrar los ojos.
Por qué estos documentos pueden evitar problemas legales
A tener en cuenta: Conservar documentación laboral no impide que exista una reclamación, pero permite responder con mayor claridad. En un conflicto, la prueba documental ayuda a reconstruir hechos, justificar decisiones y comprobar si lo pactado, pagado o comunicado coincide con la realidad de la relación laboral.
La documentación laboral cumple una función defensiva evidente: permite explicar qué ocurrió. Y en Derecho laboral, explicar no basta si no se puede probar. Qué incómodo, lo sé. Pero los juzgados no funcionan con intuiciones empresariales ni con “esto se habló en su día”. Funcionan con hechos, documentos, indicios y coherencia probatoria.
Pensemos en una reclamación de cantidad. Si un trabajador reclama diferencias salariales, la empresa tendrá que revisar nóminas, justificantes de pago, convenio aplicable, categoría profesional, complementos, horas extra y posibles cambios contractuales. Si esos documentos están ordenados, el análisis será más rápido y más fiable. Si están repartidos entre correos y carpetas sin criterio, la defensa empieza cuesta arriba.
En materia de jornada, el registro horario merece capítulo propio. El Estatuto de los Trabajadoresexige que la empresa garantice el registro diario de jornada y conserve esos registros durante cuatro años, a disposición de las personas trabajadoras, sus representantes y la Inspección de Trabajo (BOE, 2015). La guía del Ministerio de Trabajo sobre registro de jornada tiene finalidad informativa y práctica, aunque la interpretación final corresponde a los juzgados y tribunales del orden social (Ministerio de Trabajo, 2019).
Los conflictos habituales suelen girar en torno a:
Horas extraordinarias reclamadas
Jornadas superiores a las pactadas
Pausas no registradas
Turnos modificados sin soporte escrito
Diferencias entre cuadrantes, fichajes y nóminas
Teletrabajo sin control claro de jornada
Horas complementarias en contratos a tiempo parcial.
También hay conflictos por vacaciones. Parece menor hasta que el trabajador reclama días no disfrutados al terminar la relación laboral. Entonces la empresa descubre que las vacaciones se autorizaban “de palabra”, en una hoja Excel que nadie encuentra o en mensajes sueltos. Maravilloso sistema, si el objetivo era complicarse la vida.
Lo mismo ocurre con sanciones internas y despidos. Una sanción disciplinaria sin comunicaciones previas, sin advertencias, sin prueba de los hechos o sin trazabilidad puede quedar muy debilitada. Una carta de despido mal conectada con la documentación interna puede abrir la puerta a una declaración de improcedencia, siempre según las circunstancias del caso.
La LISOS permite explicar otro punto importante: conservar documentación laboral y de Seguridad Social no es una manía de abogados puntillosos. La normativa sancionadora conecta determinadas obligaciones documentales con posibles infracciones en el orden social, incluida la conservación durante cuatro años de cierta documentación laboral, de cotización y recibos justificativos del pago de salarios (BOE, 2000).
Documentación preventiva y Seguridad Social: la parte que muchas empresas olvidan
En pocas palabras: El expediente laboral no se agota en contrato, nómina y horario. La empresa también debe prestar atención a la documentación preventiva y de Seguridad Social, especialmente cuando existen riesgos laborales, formación obligatoria, controles de salud, accidentes, cotizaciones o coordinación de actividades empresariales.
Una empresa prudente no reduce el control documental a la carpeta de recursos humanos. Hay documentación preventiva y administrativa que puede ser decisiva en una inspección, en un accidente de trabajo o en una reclamación vinculada a condiciones laborales.
La Ley de Prevención de Riesgos Laboralesobliga al empresario a elaborar y conservar documentación preventiva, entre ella la evaluación de riesgos, la planificación de la actividad preventiva, los controles relacionados con la salud laboral, la relación de accidentes y las medidas de protección adoptadas (BOE, 1995). No es un apéndice decorativo, es parte de la estructura de cumplimiento de la empresa.
Conviene revisar, al menos, estos bloques:
Gestión laboral y administrativa
Documentos habituales por área laboral y preventiva
Además del contrato, las nóminas y las comunicaciones internas, existen áreas donde la empresa debe conservar documentación específica. Prevención, Seguridad Social, bajas, accidentes y coordinación empresarial requieren trazabilidad propia.
Lectura jurídica: clasificar la documentación por áreas facilita localizar pruebas y cumplir obligaciones. No es lo mismo acreditar una baja médica que justificar una actuación preventiva, una cotización, un accidente de trabajo o la coordinación entre empresas en un mismo centro.
Tabla de áreas laborales y documentos habituales que pueden ser relevantes para gestión, cumplimiento y prueba.
Área
Documentos habituales
Prevención de riesgos
PRL Evaluación de riesgos, planificación preventiva, formación, entrega de equipos de protección y vigilancia de la salud.
Seguridad Social
Cotización Altas, bajas, variaciones, documentación de cotización y justificantes relacionados.
Incapacidad temporal
Baja Partes de baja, confirmación, alta médica y comunicaciones asociadas.
Accidentes de trabajo
Accidente Partes, informes internos, comunicaciones a mutua y documentación preventiva vinculada.
Coordinación empresarial
CAE Documentación exigible cuando coinciden varias empresas en un centro de trabajo.
Esta parte suele fallar porque se gestiona de forma fragmentada. Un departamento conserva la formación, la asesoría tiene las cotizaciones, prevención guarda sus certificados y recursos humanos archiva las ausencias. Todo parece funcionar hasta que alguien pide la documentación completa. Entonces empieza la arqueología empresarial.
La solución no es guardar más por puro miedo. La solución es definir qué se conserva, durante cuánto tiempo, quién lo actualiza, quién accede y cómo se localiza.
Errores frecuentes en la documentación laboral
Idea clave: Muchos problemas documentales no nacen de una infracción deliberada, sino de una gestión caótica: archivos duplicados, comunicaciones dispersas, cambios laborales sin soporte escrito, registros horarios incompletos y dependencia excesiva de la gestoría. La buena fe no ordena documentos. Hace falta sistema.
Hay errores que se repiten con una constancia casi admirable. Y no, no suelen parecer graves cuando ocurren. El problema es que se vuelven graves cuando llega una reclamación, una inspección o una discusión interna.
Estos son los más habituales:
Guardar documentos sin criterio común. Contratos en una carpeta, nóminas en otra, vacaciones en Excel, comunicaciones en correo y justificantes en fotos enviadas por móvil. Así no hay expediente; hay un puzzle con vocación de tragedia.
Depender de WhatsApp como archivo laboral principal. WhatsApp puede reflejar comunicaciones, pero no debería ser el sistema central para autorizar cambios de jornada, conceder vacaciones o gestionar permisos. Recuperar, ordenar y contextualizar esos mensajes después puede ser una pesadilla probatoria.
No documentar cambios de jornada, salario o funciones. Si cambia algo relevante, debería existir soporte escrito. Un anexo contractual, una comunicación formal o una aceptación documentada pueden evitar muchas discusiones.
No conservar solicitudes de vacaciones o permisos. Autorizar verbalmente es cómodo. Defenderlo meses después, bastante menos. Tener registros horarios incompletos o contradictorios.
El registro horario debe ser coherente con turnos, nóminas, horas extra, ausencias y organización real del trabajo. Dejarlo todo en manos de la gestoría sin acceso interno ordenado.
La asesoría puede gestionar, pero la empresa debe poder localizar su documentación. Mezclar documentación laboral, mercantil y fiscal.
Cada bloque documental tiene su lógica. Mezclarlos puede generar duplicidades, pérdidas y errores de interpretación.
Digitalizar sin ordenar antes el proceso. Escanear caos produce caos digital. Más moderno, sí. Igual de inútil.
Una empresa que quiera evitar estos fallos debería establecer una política interna mínima: nomenclatura de documentos, carpetas por trabajador, permisos de acceso, responsables de actualización, revisiones periódicas y criterios de conservación. No hace falta convertir la pyme en una notaría. Basta con actuar como si los documentos importaran. Porque importan.
Qué papel tienen asesorías y gestorías
Qué debes saber: Las asesorías y gestorías pueden asumir tareas laborales recurrentes, como nóminas, contratos, altas, bajas y seguros sociales. Aun así, la empresa debe conocer qué documentación se conserva, cómo se comparte, quién puede acceder y qué información necesita revisar antes de una reclamación.
Muchas empresas delegan parte de su gestión laboral en una asesoría o gestoría. Es razonable. El marco laboral cambia, los trámites tienen plazos, los errores cuestan dinero y no todos los empresarios pueden convertirse en expertos en nóminas mientras dirigen su negocio.
Una gestoría puede encargarse de:
Confección de nóminas
Contratos y comunicaciones al SEPE
Altas, bajas y variaciones
Seguros sociales
Regularizaciones
Apoyo en documentación recurrente
Coordinación con la empresa para incidencias mensuales.
Pero la empresa no debe confundir ayuda externa con pérdida de control. Si un trabajador reclama horas extra, la gestoría no podrá inventar los fichajes que la empresa nunca registró. Si se discuten vacaciones, la asesoría no podrá reconstruir solicitudes que nadie archivó. Si hay una inspección, la empresa tendrá que aportar documentación ordenada, no un correo desesperado pidiendo “todo lo de este trabajador”.
Cuando una asesoría gestiona documentación laboral de varios clientes, contar con Servicios para Gestorías puede facilitar la coordinación de nóminas, expedientes, comunicaciones y procesos repetitivos, siempre dentro de una revisión profesional adecuada de cada caso.
Lo sensato es pactar un circuito documental claro entre empresa y asesoría:
Control documental interno
Puntos de control para ordenar la documentación laboral
La documentación laboral no solo debe existir: debe estar revisada, localizada y protegida. Estos puntos de control ayudan a detectar quién comunica incidencias, quién revisa nóminas, dónde se guardan contratos y cómo se accede a información sensible.
Lectura jurídica: una empresa puede tener documentos suficientes y aun así gestionarlos mal. El riesgo aparece cuando nadie sabe dónde está la versión firmada, quién autorizó un permiso, cómo se comunicó una baja o qué perfiles acceden a datos laborales sensibles.
Matriz de puntos de control documental y preguntas que deben quedar resueltas en la gestión laboral interna.
Punto de control
Pregunta que debe resolverse
Incidencias mensuales
Control ¿Cómo se comunican bajas, ausencias, horas extra y cambios de jornada?
Nóminas
Control ¿Quién revisa conceptos, importes y coherencia con registros horarios?
Contratos y anexos
Control ¿Dónde se guarda la versión firmada y actualizada?
Vacaciones y permisos
Control ¿Quién conserva solicitudes y autorizaciones?
Acceso interno
Control ¿Puede la empresa localizar documentos sin depender de una urgencia externa?
Protección de datos
Control ¿Quién accede a información laboral sensible y bajo qué permisos?
La gestoría puede ser una aliada magnífica. Lo que no puede ser es el cajón mágico donde la empresa cree que todo existe sin comprobarlo. La magia, en laboral, suele acabar en requerimiento.
Cómo ayuda la digitalización documental
A tener en cuenta: La digitalización documental ayuda cuando permite ordenar expedientes, localizar documentos, controlar versiones y mantener coherencia entre empresa, departamentos y asesoría. La tecnología no sustituye el cumplimiento legal, pero puede reducir errores si se implanta con criterio y responsabilidad.
Digitalizar no significa subir documentos a una nube y rezar. Significa diseñar un sistema en el que cada documento tenga un lugar, una finalidad, un responsable y una trazabilidad. La diferencia es sutil para quien compra software con prisa, pero enorme para quien luego debe defender una reclamación.
Un ERP, una herramienta de gestión documental o un portal de empleado pueden ayudar a centralizar información laboral: nóminas, solicitudes, permisos, vacaciones, ausencias, comunicaciones internas, certificados, registros y documentos firmados. También pueden facilitar la coordinación entre recursos humanos, dirección, asesoría y mandos intermedios.
La utilidad jurídica aparece cuando el sistema permite responder a preguntas concretas:
¿Quién firmó este documento?
¿Cuándo se comunicó el cambio?
¿Qué versión estaba vigente?
¿Quién autorizó las vacaciones?
¿Qué jornada se registró ese día?
¿La nómina coincide con el registro horario?
¿Dónde consta el justificante de ausencia?
¿Qué documentos se entregaron al trabajador?
La digitalización también puede reducir duplicidades. Si cada departamento guarda su propia versión de un documento, la empresa termina con varias verdades administrativas. Y varias verdades, en juicio, suelen parecer una mentira mal organizada.
Ahora bien, conviene ser tajante: ningún software arregla una mala cultura documental. Si la empresa no sabe qué debe guardar, quién valida los cambios o cómo se revisa una incidencia, la herramienta solo dará una apariencia elegante al desorden. Y el desorden con interfaz bonita sigue siendo desorden.
Revisión previa al conflicto
Checklist antes de una reclamación laboral
Cuando aparece una reclamación, la primera reacción suele ser buscar una explicación rápida. La respuesta más útil suele ser otra: localizar la documentación, ordenarla y comprobar si permite reconstruir los hechos discutidos con fechas, importes, jornadas y comunicaciones.
En pocas palabras: Ante una reclamación laboral, conviene revisar la documentación antes de contestar, negociar o tomar decisiones precipitadas. La empresa debe localizar contrato, nóminas, registro horario, comunicaciones, vacaciones, justificantes, cambios contractuales, cotizaciones e informes de asesoría relacionados con el periodo discutido.
Puedes usar esta checklist interna para verificar si la documentación está localizada antes de responder. Este ejercicio evita respuestas improvisadas. Y en laboral, improvisar suele salir caro.
Revisión documental completada: 0/11 puntos.
Nivel de preparación0%
Documentación que conviene revisar
Cómo construir un sistema documental laboral razonable
Idea clave: Un sistema documental eficaz no necesita ser complejo, pero sí constante. Debe identificar documentos esenciales, responsables, permisos de acceso, plazos de conservación, canales válidos de comunicación y revisiones periódicas. La prevención documental empieza antes del conflicto, no cuando llega la papeleta.
Imagen 3 — Gestión documental y respaldo digital Un archivo laboral bien organizado mejora la trazabilidad, protege la información y reduce errores administrativos.
Para una empresa pequeña o mediana, el objetivo no es crear una burocracia insoportable. El objetivo es poder responder con solvencia cuando alguien pregunte qué se pactó, qué se pagó, qué jornada se hizo o qué comunicación se envió.
Un sistema razonable puede apoyarse en cinco reglas:
Expediente individual por trabajador. Cada persona debe tener su documentación laboral ordenada y actualizada.
Clasificación por bloques. Contrato, nóminas, jornada, vacaciones, permisos, comunicaciones, prevención y cotización.
Nombres de archivo claros. Fecha, trabajador, tipo de documento y versión. La creatividad literaria, para otra ocasión. Canales definidos. Si las vacaciones se piden por una vía, no deberían aprobarse por tres canales distintos sin registro común.
Revisión periódica. Al menos una revisión interna para detectar documentos caducados, incompletos o incoherentes.
También conviene formar mínimamente a mandos intermedios. Muchas incidencias laborales nacen en la comunicación diaria: cambios de turno, permisos concedidos, instrucciones verbales, advertencias informales. Si esas decisiones no quedan bien documentadas, recursos humanos hereda el problema y el abogado termina intentando explicar el vacío. A veces se consigue. A veces no. El Derecho no hace milagros con expedientes maltratados.
Documentar bien no evita todos los conflictos, pero te deja mejor preparado
Idea final: Guardar bien la documentación laboral no es burocracia inútil. Es prevención jurídica. Una empresa que conserva contratos, nóminas, registros horarios, comunicaciones, vacaciones, permisos y cotizaciones con orden puede responder mejor ante dudas, reclamaciones o inspecciones, aunque cada caso requiera revisión profesional.
El control documental laboral no consiste en coleccionar papeles para sentirse protegido. Consiste en conservar prueba útil, coherente y localizable. Esa es la diferencia entre una empresa que puede reconstruir los hechos y una empresa que se limita a decir “esto se hizo así” mientras busca un archivo que nadie nombró correctamente.
Si tienes trabajadores a tu cargo, deberías saber qué documentos laborales debe conservar una empresa para evitar reclamaciones y revisar si tu organización puede localizarlos sin depender de la memoria de una persona, de una gestoría saturada o de un chat perdido. Porque una reclamación laboral no siempre se gana por tener razón; muchas veces se defiende mejor cuando la razón está documentada.
La buena gestión documental no garantiza que no haya conflictos. Nadie serio debería prometer eso. Lo que sí hace es reducir incertidumbre, ordenar la prueba y permitir que la empresa actúe con más criterio. Y créeme, en el terreno laboral, actuar con criterio ya es bastante más de lo que hacen muchos.
Preguntas frecuentes
¿Qué documentos laborales debe conservar una empresa?
Una empresa debería conservar contratos, anexos, nóminas, justificantes de pago, registro horario, solicitudes de vacaciones, permisos, justificantes de ausencia, comunicaciones internas, documentación preventiva y documentación de cotización. La lista puede variar según sector, convenio, puesto y circunstancias concretas.
¿La empresa debe guardar el registro horario?
Sí. El Estatuto de los Trabajadores exige garantizar el registro diario de jornada y conservarlo durante cuatro años, a disposición de trabajadores, representantes legales e Inspección de Trabajo (BOE, 2015).
¿Sirven los WhatsApp como prueba laboral?
Pueden tener valor en determinados casos, pero no deberían ser el archivo laboral principal. Lo prudente es que las decisiones relevantes consten en soportes ordenados, accesibles y vinculados al expediente laboral.
¿La gestoría puede encargarse de toda la documentación?
Puede gestionar muchas tareas, pero la empresa debe mantener control sobre sus expedientes y saber qué documentos existen, dónde se guardan y cómo se accede a ellos. Externalizar no significa desentenderse.
No. Digitalizar puede ayudar a ordenar, localizar y trazar documentos, pero no elimina reclamaciones ni sustituye el cumplimiento legal. La tecnología es útil cuando se apoya en un sistema documental serio.
Boletín Oficial del Estado. (2000). Real Decreto Legislativo 5/2000, de 4 de agosto, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2000-15060
Boletín Oficial del Estado. (1995). Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-24292
Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. (2019). Guía sobre el registro de jornada. https://www.mites.gob.es/ficheros/ministerio/GuiaRegistroJornada.pdf
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